
El 60% de la población no realiza la actividad física necesaria. La inactividad es el cuarto factor de riesgo de mortalidad a nivel mundial.
Una buena alimentación es necesaria para una vida saludable, pero también es esencial mantener actividad física constante.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos y adultos mayores realicen 150 minutos de actividad física a la semana, mientras que los niños y adolescentes, deberían tener 300 minutos semanales.
Algunos ejemplos de actividad física son los siguientes: juegos, deportes, bailes, caminatas, paseos en bicicleta, actividades recreativas o de ocio, educación física, actividades ocupacionales, tareas domésticas o ejercicios programados, en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias.
Entre los beneficios que trae la actividad física se encuentran la mejora del estado muscular y cardiorrespiratorio, mejora la salud ósea y funcional, se reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular, diabetes, cáncer y depresión.
Además, se reduce el riesgo de caídas y de fracturas vertebrales o de cadera y también es fundamental para el equilibrio energético, así como para el control de peso.
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