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Cansancio, fatiga y astenia: cómo diferenciarlos y cuándo se debe consultar


Se estima que 1 de cada 5 consultas médicas están relacionadas con el agotamiento. La debilidad física es un estado esperable luego de un día de actividad, pero también es un síntoma de enfermedades físicas o psicológicas.


Ya se ha hablado sobre las enfermedades psicosomáticas, sobre la relación entre los síntomas, la mente y el cuerpo cuando aún se mantiene esa idea de espacios conceptuales diferentes. Hay un síntoma central en lo psicosomático, quizás el más indefinido, que acompaña muy con frecuencia a todo otro malestar o queja en la consulta, son el cansancio, es decir, la astenia.


A menudo la idea de “no tengo fuerzas”, “no tengo energía”, “no doy más”, es la demanda central y casi exclusiva. La decodificación de ese pedido, esa demanda (muchas veces ruego) en la medida que no se trabaje de forma específica en el área, quizás subespecialidad de la astenia, se la considera relativa a la especialidad de quien lo recibió: clínico, nutricionista, cardiólogo, psiquiatra, reumatólogo etc.


Así, las respuestas adecuadas a lo que uno conceptualizó, en función del pedido, pueden ser vitaminas, algún medicamento con características estimulantes, cambio en la nutrición, evaluaciones cardiovasculares o quizás la más frecuente, medicación antidepresiva y/o ansiolítica considerando el síntoma como parte de un gran síndrome ansiodepresivo. Se calcula que una de cada cinco consultas ambulatorias de medicina general o interna está motivadas o relacionadas con la astenia.


La fatiga física, sin embargo, es un componente normal de los mecanismos de retroalimentación negativa que nos alientan a descansar cuando estamos cansados. Todos reconocemos los síntomas de la fatiga física, por ejemplo, la sensación de tener las piernas pesadas, un vigor físico disminuido y un deseo de recostarse o sentarse para recuperar nuestra energía. Esto sucede todos los días, inclusive varias veces, y al final es lo que nos permite descansar luego de una jornada ocupada. Sin el reposo cotidiano estimulado por la fatiga, no seríamos capaces de utilizar efectivamente nuestras horas de vigilia.


Cuando el cansancio es mayor vemos que las enfermedades infecciosas, afecciones crónicas, las formas larvadas de depresión, la anemia o las hepatitis, solo por citar algunos ejemplos, cursan con esa sensación de debilidad física y cansancio. Los deportistas, los estudiantes, las personas sometidas a estrés, o situaciones que originen movilizaciones o crisis vitales, sufren de un estado de astenia.


Pero no siempre el cansancio está relacionado con problemas de salud solo física: puede ser provocado por el estrés, el exceso de trabajo, la hiperactividad, el sobreentrenamiento o los esfuerzos inhabituales.


Su impacto en la vida cotidiana


La astenia a veces es invalidante y nos impide hacer esfuerzos de manera normal y no está en relación al esfuerzo producido ni es proporcional a éste. Un paciente que presenta astenia física, en lugar de fatiga, es más probable que la experimente al principio del día, antes de haber realizado cualquier gasto de energía, inclusive más que al final del día.


El patrón de fluctuaciones diarias es un buen indicador diagnóstico. Estos pacientes también sienten la astenia después del esfuerzo, pero la sensación está fuera de toda proporción al esfuerzo realizado. Esta falta de energía persistente tiene un verdadero impacto en su vida cotidiana.


Por otra parte, la astenia es un problema muy desmoralizador para la persona afectada. Un paciente con astenia puede verse enfrentado a la incomprensión de su problema por parte de su familia, amigos, colegas de trabajo y aun hasta de su mismo médico. La sensación de fatiga, la cual anteriormente era el signo de un día laboral bien completo y el anticipo de un reposo merecido, se ha vuelto una sensación de malestar, la cual le impide realizar las tareas cotidianas y se ha tornado un círculo vicioso aparentemente indestructible.


El síndrome de fatiga crónica


Cuando no es posible dar con una causa específica de la astenia, se habla de síndrome de fatiga crónica o síndrome de astenia crónica (SAC). Este cuadro se presta, sin embargo, a varias consideraciones ya que aparece en los tiempos actuales en una inmensa cantidad de situaciones y, por ende, pasar por alto la causa real de ellas. La multiplicidad de síntomas termina escondiendo el síntoma señal.


Este síndrome, o conjunto de síntomas, se caracteriza por un cuadro de cansancio de más de medio año de duración que produce una disminución mayor del 50% en la capacidad para realizar las labores habituales. Es, por otro lado, un cansancio que no mejora con el reposo. Para etiquetarlo como síndrome, el médico habrá descartado todas las causas conocidas de astenia, tanto enfermedades orgánicas como psíquicas. Y a estos dos síntomas mayores, cansancio y disminución de la capacidad física, se suman otros menores, pero casi siempre presentes, y que por orden de mayor a menor frecuencia son: dificultad para concentrarse y déficit de memoria, dolores de cabeza, articulares y musculares, molestias faríngeas, ganglios (adenopatías) dolorosos en cuello o axilas, pérdida de fuerza, fiebre de pocas décimas y trastornos del sueño.


En este síndrome de astenia crónica pueden aparecer también alergias, dolores abdominales, erupciones cutáneas y trastornos psíquicos, pero estos síntomas son menos frecuentes que los antes mencionados.


Si bien el SAC se presenta fundamentalmente entre los 20 y los 50 años y afecta especialmente a mujeres, hoy lo vemos a cualquier edad y sexo, que muchas veces son diagnosticados de depresión, anemia, o cualquier otra enfermedad que pueda explicar el cuadro. También en esto la pandemia ha sido un cambio con la fatiga postpandémica, el “mental fog” o niebla mental, etc. Las causas, como dijimos, pueden ser de origen diverso: psicógena, biológica, socio-ambiental y biopsicosociales.


Existe la tentación frente a la astenia de buscar un “atajo terapéutico” y es esa medicación que quizás tenga más que ver con la idea y hasta la especialidad o la costumbre del médico, que con el cuadro específico a cada paciente. A su vez, algunos pacientes, por su cuenta, haciendo ellos mismo su diagnóstico, o ante la sugerencia de conocidos, se automedican con ansiolíticos, antidepresivos estimulantes centrales, “preparados magistrales” etc.


La industria de los suplementos, ha florecido, en particular en la época posterior a la pandemia, y bajo la presunción de producto natural se venden reales fármacos que pueden afectar al paciente, aun muchos que son presentados como fitoterapias (hipérico por ejemplo).


La astenia impacta todas las funciones fundamentales de la vida cotidiana, como el sueño, la alimentación, la sexualidad, etc. y esto a su vez puede generar un feedback negativo en el cual se potencian entre sí. Estaremos viendo estos aspectos por separado en futuras notas.


En resumen

- El síndrome de astenia crónica (SAC) es una enfermedad de causa desconocida y tratamiento complejo.


- No hay medidas preventivas y lo único que se puede aconsejar como precaución es evitar el estrés. Porque tiene efectos negativos sobre el sistema inmunológico y es origen de muchas enfermedades.


- Las medidas generales, como la buena nutrición y las relativas al estrés, respeto del reposo, de las horas de actividad, etc. son de la mayor utilidad.


- ¿Cuándo padecemos astenia crónica? Sólo cuando dura más de seis meses, reduce nuestras prestaciones físicas, y se acompaña de los síntomas mencionados.


- Si padecemos astenia crónica, debemos entender que existe la necesidad de un diagnóstico, en particular para descartar otras patologías en las cuales la astenia sea solo la señal. Ir al médico de confianza, no automedicarse.


- Finalmente, no desesperar (algo que vemos frecuentemente en estos cuadros): que a veces el diagnóstico y la terapéutica no sean simples no significa que no existan medidas para subsanar ese cuadro.



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