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Próstata: la afección silenciosa y la importancia de un diagnóstico precoz


Es una glándula del sistema urinario y reproductor masculino; los problemas más comunes; la importancia de un diagnóstico médico precoz y los posibles tratamientos según los especialistas.


Poco se habla y llega a ser tabú. La próstata suele ser uno de los principales temas de preocupación en los hombres cuando arrancan la adultez, y uno de los motivos más frecuentes de consulta a especialistas. Se trata de una pequeña glándula –casi del tamaño de una nuez-, parte del aparato reproductor masculino que se sitúa debajo de la vejiga y delante del recto. Iniciada la pubertad, genera el líquido seminal que forma parte del semen.


A partir de los 35 y 40 años, su tamaño indefectiblemente empieza a crecer, y si bien forma parte de un proceso natural que suele pasar desapercibido, hay que estar atentos porque puede generar problemas a corto y largo plazo como, por ejemplo, la compresión de la uretra. Adolfo Casabé, médico urólogo y consultor de la Sociedad Argentina de Urología, explica que este hecho es inevitable: “La próstata crece a medida que envejecemos ya que, en el organismo hay cambios hormonales relacionados con la testosterona y la circulación en la zona pélvica”.


Sin embargo, al igual que ocurre con los órganos femeninos, esta glándula también se puede enfermar y nadie está exento de ello. ¿Cómo? A través de procesos de infección, inflamación o incluso tumores que se dan en la zona central y/o periférica de esta glándula. “Para todos los casos hay tratamientos, pero prevenirlo es más difícil porque se trata de un proceso biológico del cuerpo humano”, detalla Casabé.


Una de las patologías más comunes se denomina “prostatitis” y está relacionada con las infecciones de transmisión sexual y vinculada al estrés y a la ansiedad. “En este caso, se manifiesta a través del dolor en la zona pélvica o detrás del pubis”, dice Casabé. Y sus tratamientos suelen ser antibióticos y antiinflamatorios.


Otra de las posibles y frecuentes enfermedades, la “hiperplasia prostática benigna (HPB)”, se produce cuando hay un aumento de tamaño de la próstata, situación que desencadena la obstrucción urinaria. Su diagnóstico se realiza a través de la historia clínica, del examen físico, de la ecografía de próstata y vejiga, y de la flujometría (un estudio que evalúa la fuerza del flujo urinario). Luego se habilita la etapa terapéutica “a través de fármacos para relajar la musculatura de la próstata y facilitar el vaciado de la vejiga, como así también de inhibidores que tienden a disminuir su tamaño”, explica Casabé.


Marcelo Borghi, director del Centro de Urología CDU, destaca que si el paciente no responde al tratamiento hay otras alternativas que se pueden plantear, “siempre dependiendo de la persona, sus factores de riesgo y grado del cuadro”. Enumera las opciones quirúrgicas que pueden ser a cielo abierto (cuando se corta la piel y el médico tiene acceso directo al organismo), con robot o láser, o mediante uno de los métodos más modernos “llamado ´procedimiento rezum´ que consiste en quemar las partes crecidas de la próstata por medio de la vaporización de agua sin la necesidad de cortar nada. Esta intervención es simple, rápida y no altera ninguna de las funciones sexuales como puede pasar en otros casos”, sostiene Borghi.


Por último, se encuentran los tumores malignos. Este tipo de cáncer es el tercero más común en hombres después del de pulmón y colon. Según la American Cancer Society, en los Estados Unidos afecta aproximadamente a uno de cada ocho hombres en algún momento de sus vidas. A nivel nacional, las estadísticas del Instituto Nacional de Cáncer (INC) revelaron que se diagnostican 11,686 casos anuales.


Se trata de un tumor frecuente que pasa desapercibido, es decir, que no genera síntomas y que se desarrolla cuando las células de la próstata crecen en forma desmedida. Y si bien no existen causas específicas, los especialistas consultados lo atribuyen a una serie de factores que pueden contribuir a su desenlace: los antecedentes familiares, el tipo de alimentación y la edad. Borghi recomienda una “ingesta alta en fibras y baja en grasas”. Para la American Cancer Society, este cuadro suele desencadenarse principalmente a partir de los 66 años.


Un dato no menor es que, detectado a tiempo, el riesgo de muerte suele ser bajo y entre sus tratamientos se destacan la cirugía, conocida como prostatectomía, y la radioterapia. De cara a este panorama, los médicos recomiendan la realización de un control periódico anual a partir de los 50 años “o en caso de tener antecedentes, a partir de los 40″, sugiere Casabé. El estudio que se realiza se conoce como antígeno prostático específico (PSA por sus siglas en inglés) y consiste de un análisis de sangre y del tacto rectal de la próstata para chequear la presencia de nódulos.


¿Quiénes son más propensos a desarrollar enfermedades de próstata?


Más allá de que el crecimiento de la próstata no se puede evitar, los especialistas recomiendan realizar un chequeo de prevención anual para evadir complicaciones futuras. “Igualmente siempre hay excepciones, algunos necesitan hacerlo de manera más periódica”, añade Borghi.


Por otro lado, el especialista resalta que, si bien hay síntomas puntuales que suelen dar indicios como el tener problemas al orinar, lo cierto es que “los mismos pueden estar señalando otras patologías, entonces no hay que descuidar los controles de rutina”, concluye Borghi.


¿Cuáles son los factores de riesgo que predisponen al cáncer de próstata?


Para los médicos, no hay una fórmula mágica para disminuir esta condición, pero destacan algunos factores a tener en cuenta:


Edad: A partir de los 50 años, los hombres son más propensos a sufrir cambios en la próstata simplemente por razones naturales y biológicas. Según la American Cancer Society, la edad promedio de diagnóstico suele ser alrededor de los 66 años.


Antecedentes: Si bien no es una condición, la historia familiar juega un rol importante. “Si alguien de tu familia lo tuvo, las probabilidades de manifestarlo son mayores”, sostiene Casabé.


Alimentación: En la Argentina predominan las dietas a base de carnes, pero “la ideal es una alta en fibras y baja en grasas”, concluye Borghi.

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