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Prevención del suicidio: educar en positivo


La tasa de suicidio en niños y adolescentes aumenta según la tendencia mundial. Un punto central es educar sobre aspectos positivos de la persona, que refuercen sus recursos para que puedan enfrentar situaciones de forma constructiva.


Algunos datos estadísticos


De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 800.000 personas en el mundo mueren cada año por suicidio y es la segunda causa principal de muerte entre los 15 y 29 años. Hay indicios que por cada adulto que se suicidó posiblemente más de otros 20 lo intentaron.


Según estadísticas nacionales del 2014, en la Argentina en ese año se produjeron 3.340 defunciones por suicidio en la población general y la tasa de mortalidad por suicidio fue de 7,8% por cada 100.000 habitantes. Igual que las tendencias internacionales, la mayor cantidad de muertes por suicidio se presentó entre los adolescentes y adultos jóvenes.


Según la Encuesta Mundial de Salud Escolar, que se realizó en establecimientos secundarios de la Argentina en el 2012, el 16,9% de los adolescentes había considerado la posibilidad de suicidarse ese año.


Todos estos datos marcan que los problemas de salud mental y el consumo nocivo de alcohol contribuyen a que se cometan muchos suicidios en todo el mundo, por lo que la identificación temprana y el manejo eficaz de estas problemáticas son fundamentales para conseguir que las personas reciban atención.


De allí que es fundamental que las instituciones que desempeñan una función crucial en la prevención del suicidio presten apoyo social a los individuos vulnerables y se ocupen del seguimiento y la lucha contra la estigmatización, además de la ayuda a quienes han perdido seres queridos por suicidado.


Voz de alerta


Hay varios factores de riesgo que actúan acumulativamente y aumentan la vulnerabilidad de una persona frente al comportamiento suicida. Esto no quiere decir que la existencia de alguno de ellos determine un suicidio, pero son elementos que hay que tener en cuenta.


Entre los más comunes están los problemas familiares graves como situaciones de violencia o agresividad, abuso sexual y los escolares, tanto en relación con las bajas calificaciones como el rechazo por parte del grupo de compañeros que, en algunos casos, se convierte en bullying o acoso escolar. También las dificultades en torno a la identificación sexual y el temor a la reacción de la familia.


Otros factores de riesgo son las dificultades para obtener acceso a la atención de salud y recibir la asistencia necesaria, los problemas de salud mental, el consumo de sustancias psicoactivas, la fácil disponibilidad de los medios utilizables para suicidarse, el sensacionalismo de los medios de difusión en lo concerniente al tema que aumenta el riesgo de imitación de actos suicidas y la estigmatización de quienes buscan ayuda a través de comportamientos suicidas. Uno de los elementos más influyentes son los intentos previos de suicidio.


Las pérdidas financieras, la presencia de dolores crónicos y los antecedentes familiares de suicidio son puntos a los que también se debe prestar atención.


Estrategias de abordaje preventivo


Los suicidios son prevenibles y se necesita una estrategia integral multisectorial de prevención. Las familias, los servicios de salud y de educación tienen que incorporar la prevención del suicidio como un componente central.


¿Cómo hacer?


Cuando el tema del suicidio aún no está instalado o, por lo menos, no se detectan situaciones con señales claras, no es conveniente enseñar sobre el suicidio, es preferible educar sobre aspectos positivos y recursos a los que llamamos factores protectores, como por ejemplo:


*Fortalecer la autoestima


Una autoestima elevada permite enfrentar con mayor soltura y confianza situaciones difíciles de la vida. La niñez y la adolescencia son etapas cruciales en la formación de la subjetividad, especialmente en lo relativo a la autopercepción, la autoconfianza y la autoestima.


Los referentes adultos pueden favorecer este proceso de varias formas:


Acentuar experiencias positivas y logros para promover la confianza en sí mismo.


No presionar constantemente a los jóvenes para hacer más y mejor.


Demostrar afecto y comprensión.


No juzgar ni discriminar a niños y jóvenes en función de sus características y decisiones.


*Fomentar la autonomía


Ayudar a los niños y adolescentes a ser capaces de relacionarse con los otros (pares y adultos) a prepararse para una ocupación que les permita mantenerse y establecer una escala de valores significativos para su proyecto de vida.


*Promoción de la expresión de emociones


Enseñar a los niños y jóvenes a tomar sus sentimientos con seriedad y alentarlos a confiar en sus padres y otros adultos.


Ayudarlos a formar y fortalecer una red de contención emocional que es la mejor manera de prevenir el suicidio. Para ello debemos mostrar un genuino interés en los problemas y los sentimientos del otro, sin juzgar y sin pretender imponer nuestro punto de vista.


*Enseñar habilidades sociales y de convivencia


Impulsar la participación en actividades deportivas, socioeducativas y culturales.


*Prestar atención


Detectar síntomas que pueden aumentar el riesgo como el desgano y el desinterés, la tristeza y la soledad, un alto grado de excitabilidad, cambios en la forma de alimentarse (pérdida o aumento de apetito) y los trastornos en el sueño.


¿A quién acudir?


Ante cualquier duda hay que consultar con el profesional de salud que esté más al alcance de su familia.


En caso de situaciones críticas pueden comunicarse con el Centro de Asistencia al Suicida y Atención en Crisis al teléfono 0-800-800-0135. Los afiliados de OSEP pueden solicitar asistencia al Sistema de Emergencias de la Obra Social al 0810-999-0042 y/o acudir a la guardia hospitalaria.

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